FREDY PÉREZ
DOMINGO 22 DE MARZO, 14.30 HS. ESCENARIO PARQUE
Fredy Pérez (Tacuarembó, 1961) estudió guitarra con Alberto Larriera, Esteban Klisich, Jorge Lazaroff y con los maestros Eduardo Fernández y Abel Carlevaro. Este último le decía “¡Qué increíble, Pérez, usted se viene desde Tacuarembó todos los sábados para tener clases conmigo!”, a lo que Fredy replicaba “¿Por qué se sorprende?: si viene gente de Suecia o de Japón a tomar clases con usted”. “No es lo mismo –sentenciaba Carlevaro- es más fácil venirse por un tiempo de Japón que todas las semanas desde Tacuarembó”. El maestro, como en tantas otras cosas, sabía bien por qué lo decía.
También estudió armonía con Klisich y armonía y composición con Coriún Aharonian.Fredy Pérez integró El Cuarteto (aquel que en otros tiempos donde no pesaba el familiarismo pudo llamarse Cuarteto Zitarrosa) y el grupo de tangos, La Maroma. Acompaña o ha acompañado a innumerables artistas: Ana Prada, Esteban Klisich, Malena Muyala, Mabel Hoppenhaym, por nombrar a algunos. Es un finísimo arreglador –escuchen si no, cada una de sus grabaciones con los músicos mencionados- , un consumado guitarrero y ahora resulta que también canta.
Fredy Pérez es hombre de largos silencios, mirada profunda y agudas reflexiones sobre la creación y la interpretación; yo me atrevería a decir que también él es un verdadero maestro. Cuanto toca y canta nada en él se transforma, simplemente se hace más intenso y hay algo que empieza a brotar de la tierra misma –creo yo- como una especie de manantial que nos va regando y envolviendo. Porque además, Fredy rescata –como le gusta decir-un cancionero en vías de extinción. Por sus manos y su garganta se deslizan milongas, valses, tangos, estilos, desde la “Milonga triste” de Piana y Manzi a “El guitarrero” de Eustaquio Sosa, desde “La cachetada” a “Criollita, decí que sí”, de Edith Mercader o Roberto Rodríguez Luna, a Gardel y Le Pera.
Cuando se sube al escenario y las luces bajan y se empieza a escuchar a Fredy el guitarrero, devenido ahora Fredy el cantor, entramos en otra dimensión del tiempo. Yo no estoy tan seguro que eso sea el pasado, me parece que en sus arreglos y su modo de interpretar es siempre y cada vez, música de ahora y de un implacable futuro que nos estaba esperando y hasta hoy no lo sabíamos.
Por: Gustavo Castellano / En Montevideo, en el otoño del 2010
